miércoles, 21 de julio de 2010

Los atardeceres

No resucito al atardecer. Es una hora que me gusta (esperarla), pero estoy como muerto. Una especie de sopor transita mi cabeza y quedo tieso, mirando las cosas que pasan frente a mi. No pienso, ahora que lo pienso. Aunque ella dice que nadie puede estar sin pensar.
Al atardecer contemplo como transcurre el mundo. Lo estoy diciendo ahora, desde afuera, porque sé, que en ese instante en que contemplo, no soy conciente de qué ni de cómo contemplo. Ni siquiera, soy conciente de que contemplo. Es una forma de contemplar absolutamente blanca, o transparente. No evalúo ni dimensiono las cosas que suceden.
Al atardecer me dejo llevar. Hay una droga, un aroma, un sonido. Pero están ahi, sin poder "ser percibidos" como tales. Simplemente están, y yo estoy. No me percibo, tampoco.
Supongo que en el fondo, lo que quisiera es estar así para siempre. Que nada externo me vulnere. Que la contemplación sea sólo eso, sin necesidad de digerir, de interpretar, de hipotetizar.
No creo que la muerte sea un estado muy diferente a ese "estar durante el atardecer", enajenado, abstraido. Los muertos no han de sentir el dolor. El dolor siempre está del otro lado del muro, de la piedra.
Cuando llega la noche, las cosas se trastocan. Empieza el ruido, y uno, sólo empieza a preparar su día de mañana. Y en cada casa pasa lo mismo. Excepto en las casas de los muertos, donde los atardeceres son eternos.

7 comentarios:

  1. otra vez apareció la piedra...detrás de ella el dolor, de a poco voy comprendiendo(te).

    me gusta ese espacio vacío, en blanco, el tiempo sin tiempo...pocas veces me pasa y puede ser a cualquier hora..."Horas non numero nisi serenis" :)

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  2. No pudiste describir mejor un atardecer...ni la muerte.

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  3. Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

    Saludos y un abrazo.

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  4. Los atardeceres me gustan, será porque como ellos, a esa hora yo siento languidecer.

    Un beso

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  5. en cada atardecer podemos encontrarnos con nosotros mismos, es nuestro momento, y nadie nos lo puede arrebatar..

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  6. Por un momento no nos sentimos desgajados del mundo. Desconocemos dónde comienza el yo y dónde acaba lo "otro". No pensamos, porque sólo en el "yo" se origina el pensamiento. Una sucesión de imágenes y sensaciones al vuelo, inhaprensibles, descatalogadas, pero no por ello menos reales, porque tienen lugar "en nosotros", "desde nosotros","hacia nosotros".... Hablas de estar como muerto, pero a veces presiento que es ahí cuando más vivos estamos, porque somos pura existencia. Y esos, son momentos de suprema belleza. Me encantó este texto.....

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